![]() |
NOTICIAS CULTURALES |
| Taller de dibujo e historietas, este 25 y 26 de agosto. | |
Acerca de
Hace algún tiempo leí Desert Flower de Waris Dirie, donde ella cuenta acerca de su vida de nómada en África. Y reflexiono, nosotros (mi familia) podemos llamarnos nómadas?
Jan (noruego) y yo (boliviana) nos casamos a finales del 2004, y este mes batimos el récord de quedarnos en un lugar por 24 meses. Sí, eso es lo máximo que hemos durado. A diferencia de Waris, no han sido la falta de agua o de pasto la que nos ha hecho movernos. Como quiera que haya sido, casi nunca ha sido planeado.
En diciembre 2007 llegamos a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, para pasar las fiestas de fin de año con mis padres y hermanos. Jan había recibido una oferta de trabajo en American Samoa y se suponía que nos esperaban allí en enero.
Las cosas no se dieron como esperábamos y de pronto nos vimos viviendo en una ciudad que a Jan no agrada mucho, alojados en una casa no apta para niños, sobre un cuarto anillo, donde si uno de mis niños por descuido nuestro ponía un pie, no le volveríamos a ver nunca más, el tráfico allí es simplemente catastrófico.
Deseosos de salir de la ciudad, para tener un respiro, nos fuimos a pasar una semana a Buena Vista. Un bonito pueblo, aunque bastante caluroso y sin mucho que ofrecer a los visitantes con niños menores de 3 años. Sin embargo para nosotros fue un respiro a nuestros agobiantes días en el cuarto anillo de Santa Cruz.
Luego del descanso en Buena Vista, decidimos hacer otra escapada, esta vez elegimos Samaipata. Se suponía que estaríamos allí un par de días. Pero esos dos días pasaron volando y con tanta paz, que decidimos quedarnos allí, hasta que se presentara la oportunidad de volar nuevamente.
No teníamos más ropa limpia ni dinero; pero Jan no quería volver a Santa Cruz por nada del mundo, tanto le había encantado Samaipata! Entonces me ofrecí a viajar a Santa Cruz para traer lo mínimo indispensable (ropa, dinero, algunos utensilios) para comenzar nuestra nueva vida. Yo me fui con el pequeño, aún bebé y Jan se quedó con Jan Thomas, en ese entonces, de 2 años.
Antes de mi partida vimos algunas casas, no encontramos mucha oferta, o no sabíamos dónde buscar. Las pocas que encontramos, o eran muy caras o no eran seguras, porque cuando hay niños, hay que pensar y fijarse en cada detalle. No teníamos mucho tiempo para ello, así que elegimos una a la rápida.
Mientras yo daba la nueva a mi familia en Santa Cruz, quienes pensaban que estábamos locos porque no podíamos quedarnos quietos en un solo lugar, Jan se ocupaba de cerrar el trato con la encargada de la casa elegida. Muy linda, muy bonita decoración, pero no apta para el frío, ni la lluvia. Y bueno, sólo cuando uno vive allí se da cuenta de los defectos imposibles de encontrar a primera vista.
Llegamos justo en época de lluvia. Para llegar a la casa deberíamos caminar una cuadra y media por un camino no asfaltado, lo que significaba llegar llenos de barro, con los pies mojados y cargando a los niños. Todo dentro de la casa estaba húmedo, nuestros documentos comenzaron a peligrar, cuando sea que el sol salía los sacábamos a secar, lo mismo con la ropa y los zapatos. Y cuando hacía frío - en general, las noches en Samaipata son bastante frescas – no había frazada que nos calentara, ni durmiendo los cuatro juntos!
Así que sólo aguantamos un mes en aquella casa. Nuestra segunda casa en Samaipata resultó mucho mejor y más confortable, además, ahora vivíamos casi en el centro, nuestra calle estaba asfaltada, en un frente había un parque infantil y en el otro una tienda con artículos de primera necesidad, qué más se podía pedir!
Nuestra vida en el pueblo fue sin igual. Los habitantes son gente tranquila y sencilla, acostumbrados ya a vivir entre diversas culturas, ya que allí habitan en paz, europeos, americanos y oriundos del lugar.
Gracias a esta mezcla de culturas, su clima y sus alrededores, el pueblo ha llegado a tener su sello de originalidad. Ya que al hablar de pueblo en Bolivia, uno se imaginaría tan solo casas humildes, población agrícola, con únicamente los servicios básicos de primera necesidad; por supuesto, nadie imaginaría que puede encontrar también teatro cada mes, conciertos, bibliotecas, restaurantes de mucho prestigio ofreciendo excelente comida nacional e internacional; chalets, resorts, Internet - aunque no el más veloz todavía; pero existe!
Esa mezcla de un verdadero pueblo - con sembradíos, cabras, chanchos, gallinas, vacas por las calles de alrededor del centro, vistas magnificentes, leche recién ordeñada traída a tu puerta - con el confort que la inversión extranjera ha hecho posible, realmente es una atracción más fuerte que un imán!
Si todo ello para nosotros es un paraíso, imagínense para los niños! Corriendo libres en medio de la naturaleza, observando filas de hormigas, abejas, avispas, flores de todos colores, riachuelos, disfrutando de una caminata por el bosque, a no más de unos pasos del centro del pueblo.
No, no podíamos irnos del todo. Teníamos que dar algo, nuestro aporte, a este pueblo que nos dio tanto en tan sólo 4 meses!
Y aquí está, guidetosamaipata es nuestra contribución a esta maravillosa Samaipata!
Odaly Fernandez Esquivel
August, 2010